Introducción:

El Salmo 28 es una poderosa transición de una oración angustiada a una jubilosa alabanza, demostrando cómo la súplica ferviente puede convertirse en gratitud tras la liberación divina. En este salmo, el salmista se dirige a Dios con términos que destacan Su inmutabilidad y cercanía, evidenciando una profunda confianza en Su respuesta y protección. La estructura del salmo revela una mezcla de súplicas intensas y una eventual expresión de confianza y agradecimiento, reflejando una relación íntima y audaz con Dios.

Categoría:

El Salmo 28 se clasifica como una oración y alabanza en tiempos de peligro. Pertenece a la categoría de los salmos de lamentación individual, que generalmente siguen un patrón estructural:

  1. Introducción (normalmente una invocación a Dios)
  2. El lamento (especificación de los sufrimientos)
  3. Apelación a Dios (una expresión de confianza en Dios)
  4. Petición (súplica de socorro)

Análisis:

  1. Estrofa I, vers. 1-2: La oración suplica audazmente por evitar el temido resultado de la falta de respuesta divina.
  2. Estrofa II, vers. 3-5: Describe el carácter de los impíos e implora su castigo.
  3. Estrofa III, vers. 6-8: Alabanza por la liberación recibida.
  4. Estribillo, vers. 9: Invoca la bendición de Jehová sobre Su pueblo.

Exposición:

Este salmo prolonga la oración, pero cuando llega la alabanza, es pronunciada y jubilosa. La oración es motivada por un peligro no especificado, cuyo temor de continuidad podría causar la muerte. Los términos en los que se expresa la oración son sorprendentes. Dios es dirigido por el término «Roca», lo cual convierte esta palabra en un nombre propio, demostrando que la familiaridad con esta figura ha hecho que se olvide la imagen original. Jehová es considerado el Inmutable, el Inalterable («la Roca»), reteniendo la concepción de inmutabilidad mientras todo lo demás se deja de lado.

El Inmutable en la naturaleza es visto como cambiando de actitud: volviéndose a favor, dispuesto a responder a la oración; o alejándose en silencio, dejando la mente del suplicante en incertidumbre dolorosa. El sentimiento de cercanía a Jehová es tan vívido que induce una gran audacia en la súplica. La primera estrofa deja una impresión profunda. Antes de dejar esta estrofa, podemos recordar que el nombre «Roca», un nombre favorito para Jehová, se encuentra en los Salmos estrechamente ligados al nombre de David; por ejemplo, Salmo 18:2, 31, 46.

Aunque la tercera estrofa (Salmo 28:6-8) no tiene nada que David no pudiera haber usado, un sentido de adecuación aumentada resalta una referencia a la experiencia singular de un monarca posterior. «En el versículo 6, Ezequías añade su experiencia (Isaías 38:10-20)», lo que sitúa a Ezequías como coautor de este salmo.

Con la referencia a los «impíos» en el Salmo 28:3, Salmo 9:17 y la nota sobre «impíos» en Salmo 1:1 pueden ser útiles comparaciones. Este salmo parece haber sido compuesto cuando el autor estaba bajo una poderosa tentación de los malvados, o cuando ofrecían fuertes atractivos que lo llevaban a la sociedad de aquellos que eran extraños para Dios; y, bajo esta tentación, el autor eleva una oración ferviente, recordando por qué no debería ceder a estas influencias.

Las imprecaciones de los versículos 4-5 pueden recordarnos la pasión instintiva con la que la naturaleza humana herida se vuelve hacia «la justicia vindicatoria de Dios» («Justicia»); y que solo con la fuerza de la más alta manifestación del Espíritu Mesiánico podemos exclamar victoriosamente, «Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen.» Al mismo tiempo, todos los perseguidores deben tener cuidado con la indignación divina que puede recaer sobre ellos para que Jehová pueda salvar a su pueblo, bendecir su herencia, pastorearlos y llevarlos por siempre.

Conclusión:

El tema central del Salmo 28 es la transición de una súplica angustiada a una alabanza jubilosa. El salmista clama a Jehová por ayuda y protección frente a un peligro inminente, expresando su temor de ser abandonado y su confianza en la justicia divina para castigar a los malvados. La oración se convierte en una proclamación de gratitud y alabanza cuando el salmista recibe la liberación, destacando la fidelidad de Dios en responder a las súplicas y bendecir a Su pueblo.

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