Propósito de la lección

Llevar al creyente a reemplazar la ansiedad por la confianza en Dios, cultivando una vida de generosidad, fe activa y prioridades centradas en el Reino eterno.

Introducción

Jesús acababa de relatar la parábola del rico insensato, un hombre atrapado en la ilusión de seguridad basada en posesiones. Ahora, en un mensaje personal a sus discípulos, Jesús les enseña cómo evitar ese mismo error.

La respuesta no está en acumular más, sino en confiar más. No se trata de ignorar las necesidades reales, sino de ponerlas en el orden correcto: buscar el Reino primero.

Este texto nos confronta con una pregunta: ¿Dónde está nuestro tesoro?

I. La ansiedad por lo temporal no edifica la fe (Lucas 12:22–28)

  1. No os angustiéis por la vida ni por el cuerpo.
    1. El hombre de la parábola estaba demasiado preocupado por comer, beber y disfrutar de esta vida. Los discípulos debían preocuparse por el reino de Dios, ya que disfrutarían del cuidado providencial de Dios en esta vida. Esto no significaba que no tuvieran que trabajar, sino que podían confiar en Dios, quien provee abundantemente para todas sus criaturas. El alma es más importante que la comida, y el cuerpo que la ropa que debe tener.
  2. Dios cuida de las aves y viste los lirios… ¿cuánto más a sus hijos?
    1. Para ilustrar su punto, Jesús señaló el cuidado de Dios por las aves. Ellas no siembran ni cosechan ni tienen graneros donde almacenar alimentos, pero Dios las cuida. Jesús agregó: «Vosotros valéis mucho más que las aves».
    2. Estos cuervos eran simplemente aves que no sembraban ni segaban, ni disponían de bodegas o graneros. Además, eran considerados inmundos (Levítico 11:13-19). Sin embargo, Dios mismo los alimentaba y cuidaba bien. Jesús, al señalar esto, da a entender: ¿por qué debéis vosotros estar ansiosos? ¡Cuánto más valiosos sois vosotros que las aves!
  3. La ansiedad no prolonga la vida, pero sí nos roba la paz.
    1. La ansiedad puede acortar la vida, pero alargarla es otra cosa. ¿Por qué entonces preocuparse por cosas materiales? Jesús ilustró este pensamiento señalando los lirios del campo y el hecho de que ni siquiera Salomón en toda su gloria estaba vestido como uno de ellos. El punto es que Dios proveerá la ropa para que la persona pueda cubrir su cuerpo.

II. El enfoque correcto: el Reino de Dios (Lucas 12.29–31)

  1. Los incrédulos buscan estas cosas.
    1. Jesús subraya que los hijos de Dios no deben comportarse como «las naciones del mundo», sino que deben ser distintivos en su pensamiento, habla y acciones.
    2. La trascendencia de este pasaje es inmensa. Jesús nos enseña que los creyentes deben diferir de los demás en sus anhelos más profundos. Deben fijar sus corazones en cosas distintas, ser guiados por ideales diferentes y motivados por un amor singular.
  2. El Padre conoce nuestras necesidades.
    1. Jesús no abogaba por los extremos del ascetismo. Recordó a los discípulos que el Padre conocía sus necesidades y les dijo qué hacer para que estas fueran satisfechas.
  3. Prioriza el Reino y lo demás será añadido.
    1. El reino de Dios es eterno y debe ocupar el primer lugar en la vida de los discípulos de nuestro Señor. Fue el buen agrado del Padre dar este reino a quienes confiaban en Él. Jesús los desafió a vender sus posesiones y dar limosnas, porque debían preocuparse por el tesoro imperecedero en el cielo. Cuando la vida termine —que es el punto central de la lección del Rico Necio— quedará claro por qué Jesús los instó a seguir este camino, en lugar de aferrarse a las cosas que perecen y que no enriquecen para con Dios. (Marcos 10:29-30)

III. El llamado a desprenderse y confiar (Lucas 12:32–34)

  1. No temáis, pequeño rebaño: ¡el Reino es vuestro!
  2. Vendan y den a los pobres: acumulen tesoros eternos.
    1. El sentido de este pasaje a veces ha sido groseramente malinterpretado, dando a entender que Jesús pedía a todos sus seguidores vender sus posesiones y entregarlo todo a los pobres. Si así fuera, la iglesia pronto se convertiría en una carga para la sociedad.
    2. Sin embargo, un texto siempre debe explicarse a la luz de su contexto. Justo antes, Jesús había contado la parábola del Rico Insensato (Lucas 12:16-21), un hombre que quería quedarse con todo. Aquí, Jesús está combatiendo ese espíritu egoísta. La verdadera interpretación de lo que el Maestro dice en Lucas 12:33a se encuentra en pasajes como 1 Corintios 16:2-3, 2 Corintios 8:1-9 y Gálatas 6:10.
  3. Donde está tu tesoro, estará tu corazón.
    1. ¿Está tu corazón puesto en las cosas de Dios o en las cosas de esta vida? Ser rico para con Dios significa tener el corazón enfocado en las glorias de Su reino y en la vida eterna que heredarán los fieles.

Aplicaciones prácticas

  1. Revisa tus prioridades. ¿Estás más enfocado en acumular o en agradar a Dios?
  2. Vive sin ansiedad. El Padre cuida de las aves y flores; ¿no cuidará mejor de ti?
  3. Sé generoso. Vender y dar es símbolo de confianza en Dios. No temas soltar.
  4. Invierta en el cielo. Haz del Reino tu tesoro. Lo eterno no se devalúa ni se pierde.
  5. Confía en el placer del Padre. “Porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino” (v. 32). No somos mendigos en el Reino, somos herederos.

Conclusión

Jesús no nos llama a la irresponsabilidad ni al abandono del trabajo. Nos llama a dejar la ansiedad, a confiar en la providencia amorosa del Padre, y a vivir de una manera que demuestre que nuestra ciudadanía está en el cielo (Fil. 3:20).

Cuando buscamos primero el Reino, todo lo demás encuentra su lugar. Ser rico para con Dios no es tener más, sino confiar más, dar más y vivir más para lo eterno.

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