1. División general del Salterio

El libro de los Salmos está dividido en cinco secciones o “libros”, que paralelamente reflejan los cinco libros del Pentateuco.

Cada sección termina con una doxología (una breve alabanza final).

  1. Libro I: Salmos 1–41
  2. Libro II: Salmos 42–72
  3. Libro III: Salmos 73–89
  4. Libro IV: Salmos 90–106
  5. Libro V: Salmos 107–150

El Libro II puede compararse con el Éxodo, ya que muestra al pueblo de Dios clamando en medio de la opresión y esperando la liberación divina.

2. Autoría predominante

  1. El Libro I (1–41) está dominado por David.
  2. En cambio, el Libro II introduce nuevos autores y perspectivas, especialmente los hijos de Coré (Salmos 42–49), Asaf y, más adelante, Salomón (Salmo 72).
  3. Aun así, David sigue siendo un autor destacado en varios salmos (por ejemplo, 51–65, 68–70).

Esto refleja una ampliación en la voz del culto israelita: ya no es solo la oración del rey, sino también la del pueblo y de los levitas.

3. Nombre divino predominante

En el Libro I, el nombre divino más usado es “YHWH” (Jehová).

En el Libro II, se observa un cambio notable: el nombre “Elohim” (Dios) aparece con mucha más frecuencia.

Este cambio teológico subraya una visión universal de Dios, no solo como el Dios de Israel, sino como el Dios de toda la tierra.

📖 Ejemplo: En el Salmo 42:2, el salmista dice: “Mi alma tiene sed de Dios (Elohim), del Dios vivo”.

4. Tema teológico central

El Libro II desarrolla el tema de la comunión con Dios en medio de la lejanía y el sufrimiento.

Muestra cómo el alma fiel busca y confía en Dios, incluso cuando parece estar ausente.

Algunos temas recurrentes son:

  1. El anhelo de la presencia de Dios (Salmo 42–43).
  2. La angustia ante la persecución (Salmo 55–59).
  3. La confianza en la justicia divina (Salmo 62–64).
  4. La esperanza mesiánica y el reinado del justo (Salmo 72).

5. Transición histórica y espiritual

El tono del Libro II sugiere una transición:

  1. De la experiencia personal de David a la experiencia colectiva de la comunidad fiel.
  2. De la seguridad de Sión a la nostalgia del destierro.
  3. Por eso el Libro II inicia con las palabras:

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía” (Sal. 42:1).

Ese clamor inaugura una nueva etapa: la fe que sobrevive fuera del templo.

6. Estructura interna

El Libro II puede dividirse así:

  1. Salmos 42–49 – Los hijos de Coré: lamento y esperanza en Dios.
  2. Salmos 50–60 – Mayormente de David: oraciones por justicia y protección.
  3. Salmos 61–72 – Confianza, realeza y bendición. Culmina con una doxología:
  4. “Bendito sea Jehová Dios, el Dios de Israel… Amén y Amén” (Sal. 72:18–19).

7. Conexión mesiánica

El Libro II también apunta proféticamente al Reinado del Mesías.

El Salmo 72, que cierra esta sección, describe al Rey justo y universal, una clara figura mesiánica de Cristo:

“Señor, da tus juicios al rey… y benditas serán en él todas las naciones” (Sal. 72:1,17).

Así, el Libro II avanza desde el clamor del alma individual (Salmo 42) hasta la esperanza del Reino universal del Mesías (Salmo 72).

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