Propósito:
El propósito central de esta lección, basada en Lucas 17:1-10, es establecer la naturaleza de la vida del discípulo de Cristo como una respuesta incondicional de fe, perdón y humildad ante el Señor, reconociendo que el servicio es un deber y nunca un mérito.
Introducción:
El Evangelio de Lucas nos ofrece un relato meticuloso y ordenado de la vida de Jesús. En este punto de Su ministerio, Jesús se dirige a Sus discípulos con una serie de enseñanzas críticas para prepararlos a vivir en un mundo caído y a servir a un Dios santo.
La lección de hoy no es un simple consejo moral; es una triple exigencia que define la verdadera naturaleza del discipulado: nos advierte del peligro de la ofensa, nos desafía a un perdón sin límites y nos llama a la humildad radical en el servicio. El discipulado es un camino de servicio para aquellos que ya han sido alcanzados por la gracia de Dios, un camino que demanda una constante vigilancia y una fe operativa.
I. La Seriedad de la Ofensa: El Peligro de Ser un Tropiezo (Lucas 17:1-2)
Jesús comienza con una declaración rotunda y solemne.
A. La Inevitabilidad de los Tropiezos (Lucas 17:1).
- Jesús declara: «Imposible es que no vengan tropiezos.» La palabra griega skándalon (tropiezo) se refiere a la trampa o al cebo que hace caer a alguien. Los tropiezos son inevitables en un mundo dominado por el pecado («por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,» Romanos 3:23).
- Aunque los tropiezos son inevitables en el mundo, ¡Ay de aquel por quien vienen! (v. 1). La responsabilidad recae sobre el que ofende.
B. La Severidad del Juicio (Lucas 17:2). Jesús utiliza una imagen aterradora; sería mejor ser arrojado al mar con una piedra de molino al cuello, que hacer caer a uno de estos «pequeñitos.» El término «pequeñitos» se refiere a los creyentes más vulnerables o a los nuevos en la fe. Esta advertencia subraya la inmensa responsabilidad que tenemos en nuestra conducta y nuestro testimonio. Nuestra vida nunca es solo nuestra.
- “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.» (Mateo 18:10).
II. El Poder de la Fe para el Perdón Ilimitado (Lucas 17:3-6)
La siguiente exigencia de Jesús es una de las más difíciles, una que confronta directamente las limitaciones de la naturaleza humana.
A. El Mandato del Perdón Múltiple (Lucas 17:3-4).
- Jesús establece un estándar de perdón que va más allá de la moral rabínica de la época (que limitaba el perdón a tres veces). Él exige perdonar al hermano que peca siete veces al día y regresa diciendo: «Me arrepiento.» El perdón no es automático; está condicionado al arrepentimiento sincero («si se arrepiente, perdónale») Véase Mateo 18:35; Efesios 4:31-32; Colosenses 3:13. Santiago nos exhorta a intentar llevar a un hermano al arrepentimiento, Santiago 5:19-20.
- Para poder «reprender» con amor (v. 3) y «perdonar» sin límite (v. 4) se requiere una capacidad que no poseemos por nosotros mismos. Es una demanda divina que expone nuestra insuficiencia.
- El Modelo de Dios. Nuestro perdón debe reflejar el perdón que hemos recibido. “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os ha perdonado a vosotros en Cristo.” (Efesios 4:32).
B. La Necesidad y el Poder de la Fe (Lucas 17:5-6).
- Los apóstoles, abrumados por la exigencia, claman: «¡Auméntanos la fe!» Jesús responde con la analogía del grano de mostaza, una semilla diminuta pero viva. Una fe pequeña pero auténtica tiene un poder inmenso, capaz de mover un sicómoro (árbol de raíces profundas) y plantarlo en el mar.
- El problema no es el tamaño de la fe, sino su calidad y su objeto. No necesitamos una «gran fe» en el sentido humano, sino una fe genuina en un gran Dios.
- La fe es el motor que nos capacita para obedecer los mandatos que parecen imposibles, como el perdón ilimitado.
- ¿Cómo crece la fe? “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Romanos 10:17). El ejercicio constante de la fe en la Palabra de Dios es lo que convierte lo humanamente imposible en posible.
III. El Deber Indispensable y la Humildad del Siervo (Lucas 17:7-10)
Finalmente, Jesús aborda la actitud correcta con la que debemos cumplir nuestro servicio. El discípulo debe eliminar todo concepto de mérito personal.
A. La Expectativa del Amo (Lucas 17:7-9).
- Jesús usa la parábola del amo y el siervo. El siervo que regresa del campo después de un largo día no es invitado inmediatamente a sentarse; su deber es seguir sirviendo al amo primero («Prepárame la cena… sírveme… y después de esto, come y bebe tú«).
- Esta analogía nos enseña que el servicio cristiano no es un contrato laboral con incentivos inmediatos. Cumplir con la voluntad de Dios es simplemente nuestro deber. El Amo no está en deuda con nosotros por hacer lo que se nos ha mandado.
B. La Confesión de la Humildad (Lucas 17:10).
- Jesús no dejó espacio para malentendidos. Su enseñanza apuntaba directamente a la obediencia en el perdón. Perdonar no era una opción, era el deber de los discípulos, como servidores que no buscan mérito, sino cumplir la voluntad de su Señor.
- La raíz de este deber se ilumina en la parábola de Mateo 18:21-35: cuando Dios perdona, no lo hace por obligación, sino por pura gracia. Y esa gracia, derramada sin medida, convierte al pecador perdonado en alguien moralmente comprometido a extender el mismo perdón, sincero y profundo, a su prójimo.
- Un corazón que ha probado la misericordia divina no puede darse el lujo de negarla a otros.
- La conclusión es la cumbre de la humildad: «Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.»
- La palabra «inútiles» (achreíos) no significa que el servicio no tenga valor para el Reino (ver 2 Timoteo 2:21), sino que es inmerecedor de un elogio especial o de una recompensa por haber hecho «más de lo necesario.»
- Interpretación Correcta: No implica que el servicio sea defectuoso o que Dios no lo valore, sino que el siervo, al hacer todo lo que se le ordenó, no ha realizado nada que vaya más allá de su deber. Por lo tanto, el siervo es «inútil» en el sentido de que no ha puesto al amo en deuda con él. Es decir, no ha generado un crédito o un mérito extra que obligue al amo a darle una recompensa o un elogio especial.
- El Contraste: El siervo es digno y apto para el servicio (útil, ver 2 Timoteo 2:21), pero es inútil para establecer una base de jactancia o mérito personal ante Dios.
- Esta verdad aniquila la doctrina farisaica de la justicia propia y la idea de que podemos acumular méritos ante Dios. No podemos ganar la salvación ni el favor de Dios; solo podemos recibir Su gracia. («Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.» Efesios 2:8-9).
Conclusión
Lucas 17:1-10 es un examen de conciencia para todo seguidor de Cristo.
- La Advertencia: Cuidémonos de ser un tropiezo para otros; la responsabilidad es severa.
- El Mandato: Ejercitemos la fe en el perdón, haciendo lo que humanamente es imposible, porque Dios lo exige.
- La Actitud: Sirvamos con la convicción de que todo lo que hacemos es nuestro deber hacia Aquel que nos salvó por pura gracia.
El discipulado cristiano es la respuesta agradecida de un esclavo liberado. Nuestro Amo es benévolo, y Sus bendiciones son Su gracia inmerecida. Nosotros, por nuestra parte, solo podemos confesar: «Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.»
