Los Salmos 9 y 10 forman una unidad, posiblemente compuestos originalmente como uno solo. David pudo haber sido el autor original, adaptado luego por Ezequías. Estos salmos expresan lamento, confianza en Dios y súplica. Proféticamente se vislumbra la derrota de los enemigos y la completa eliminación del mal. Se destaca la justicia divina y la victoria final de Jehová.
