El Salmo 28 muestra una transición de súplica angustiada a alabanza jubilosa. El salmista clama a Jehová por protección, expresando temor de ser abandonado y confianza en la justicia divina. La oración se convierte en gratitud al recibir la liberación, destacando la fidelidad de Dios en responder a las súplicas y bendecir a Su pueblo.
