Propósito: Fortalecer la fe de los creyentes mostrándoles la grandeza de la salvación revelada por los profetas, proclamada por los apóstoles e incluso anhelada por los ángeles.

Introducción:

¡Qué privilegio es reunirnos hoy para reflexionar sobre la grandeza inigualable de nuestra salvación! A veces, inmersos en el ajetreo diario o enfrentando las dificultades de la vida, podemos perder de vista la magnitud de lo que Dios ha hecho por nosotros. Podemos llegar a dar por sentada la fe que profesamos, olvidando el asombroso plan divino que se ha desplegado a lo largo de la historia.

Hoy, quiero invitarlos a que consideremos a través de las palabras del apóstol Pedro en 1 Pedro 1:10-12. Este pasaje nos revela una verdad profunda y conmovedora: que la salvación que tú y yo disfrutamos es tan gloriosa y misteriosa que ha capturado la atención y el anhelo de seres mucho más grandes que nosotros. Veremos cómo esta gracia fue buscada con diligencia por los profetas de la antigüedad, cómo fue anunciada con poder por los apóstoles, y cómo incluso los ángeles celestiales anhelan comprenderla.

Prepárense para redescubrir la profundidad, la riqueza y el propósito eterno de su fe. Que este mensaje no solo fortalezca su convicción, sino que también encienda en ustedes un nuevo asombro por la salvación que asombra a profetas, ángeles y a nosotros, los creyentes.

I. Los profetas buscaron comprender esta gracia (1 Pedro 1:10–11)

  1. Aunque inspirados, no lo sabían todo. Estudiaban diligentemente lo que escribían. Daniel 7:16; 9:2-3.
    1. En el libro de Daniel, específicamente en el capítulo 9, se le da una profecía detallada de las «setenta semanas» que culminarían con la venida y muerte del Mesías. Daniel mismo se dedicó al estudio y la oración para entender las profecías (Daniel 9:2-3, 20-27). La precisión de sus «semanas» fue tan grande que se convirtió en una de las bases para que los judíos de la época de Jesús estuvieran «en expectación» de su llegada (Lucas 3:15).
  2. Ellos profetizaron de la gracia futura, sabiendo que no sería para su tiempo, sino para una generación posterior. Hebreos 11:13
  3. El Espíritu de Cristo que estaba en ellos anunció de antemano el sufrimiento y la gloria del Mesías.
    1. El Espíritu les reveló qué sucedería (los sufrimientos y las glorias), pero el cuándo y el quién específico en su cumplimiento total fue algo que ellos mismos, inspirados por el Espíritu, buscaron diligentemente comprender, sabiendo que era un «misterio» para su generación y una «gracia» destinada a generaciones futuras.
  4. Aplicación: ¡Qué privilegio es vivir del lado del cumplimiento de las promesas! Valoremos más el evangelio.

II. El Espíritu Santo inspiró tanto a profetas como a apóstoles (1 Pedro 1:12a)

  1. Dios reveló que las profecías serían cumplidas más adelante. 2 Pedro 1:21
  2. Esa misma salvación ahora ha sido anunciada por los predicadores del evangelio (inicialmente por los apóstoles). Juan 16:13.
  3. El Espíritu Santo, enviado desde el cielo, fue quien inspiró tanto la profecía como la predicación. Hechos 1:8.
  4. Aplicación: Confía en la autoridad del evangelio. Lo que predicamos no es invención humana, sino cumplimiento del plan divino.

III. Los ángeles anhelan comprender este misterio (1 Pedro 1:12b)

  1. Los ángeles son seres celestiales, santos, sin pecado, pero no partícipes del plan de redención.
  2. Ellos “anhelan mirar” estas cosas, inclinándose para ver el glorioso misterio de la gracia. Lucas 15:10; Apocalipsis 5:11-12.
  3. Aplicación: ¿Cómo no vamos a anhelar lo que incluso los ángeles observan con asombro? Que nunca perdamos el asombro por la salvación.

CONCLUSIÓN:

Hemos recorrido un camino de descubrimiento hoy, explorando la asombrosa verdad de nuestra salvación. No es una mera doctrina o una esperanza vaga, sino una realidad profunda y trascendente que nos conecta con el plan eterno de Dios. Hemos visto cómo esta gracia ha sido un misterio fascinante para los profetas de antaño, quienes escudriñaron con anhelo lo que el Espíritu de Cristo les revelaba. Hemos comprendido que esta misma salvación fue el mensaje central de los apóstoles, quienes, empoderados por el Espíritu Santo enviado del cielo, la proclamaron al mundo. Y, quizás lo más asombroso, hemos vislumbrado cómo los ángeles celestiales, puros y santos, se inclinan con un deseo inefable por mirar y entender este glorioso misterio de redención.

¿Se dan cuenta de la magnitud de lo que poseemos? La salvación que tú y yo disfrutamos no es una improvisación divina, ni un acto débil o insignificante. ¡Es un tesoro de valor incalculable! Fue anunciada con siglos de anticipación por los profetas, proclamada con autoridad por los apóstoles, sellada y ratificada por el Espíritu Santo, y deseada fervientemente por los propios ángeles.

Por lo tanto, la respuesta lógica a una salvación tan sublime es una vida transformada.

  1. No la tomes a la ligera: Que la familiaridad nunca nos robe el asombro. Reflexiona a diario sobre este don inmerecido y vive con la gratitud que le corresponde.
  2. Aférrate a ella en medio de las pruebas: Cuando vengan las dificultades, recuerda que tu esperanza no se basa en lo terrenal y pasajero, sino en una salvación eterna que ha resistido la prueba del tiempo y la eternidad. Es tu ancla segura.
  3. Predícala con convicción y reverencia: Si los profetas la buscaron y los ángeles la anhelan, ¿cómo no vamos a compartirla? Que tu vida y tus palabras sean un eco fiel de esta buena noticia, proclamándola con la autoridad de quien sabe que está hablando del plan más grandioso de Dios para la humanidad.

Que el asombro por esta salvación divina llene sus corazones y los impulse a vivir cada día para la gloria de Aquel que nos amó hasta el extremo.

Deja un comentario