Propósito de la lección

Advertir a los creyentes contra la hipocresía religiosa, animarlos a temer a Dios antes que a los hombres, fortalecer su fe frente a la persecución, y afirmar su compromiso a confesar a Cristo sin temor, sabiendo que Dios cuida de ellos y el Espíritu Santo los respalda.

Introducción

Las multitudes se agolpaban alrededor de Jesús, no solo por sus milagros, sino también por su firme confrontación con los líderes religiosos. En este contexto de tensión y expectación, Jesús dirigió una advertencia urgente a sus discípulos: “Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”.

En tiempos de persecución, presión social y desafíos espirituales, esta lección cobra relevancia. Jesús no promete comodidad, pero sí fortaleza, claridad y dirección por medio del Espíritu Santo

I. Advertencia contra la hipocresía (Lucas 12:1-3)

  1. La levadura de los fariseos es la hipocresía (Lucas 12:1)
    1. Jesús comienza su mensaje dando una advertencia contra “la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”. Esta advertencia está estrechamente vinculada con lo que el Maestro había dicho un momento antes, mientras aún estaba en la casa (véase Lc. 11:39–44, 46). Hipocresía significa actuar. Se refiere al mal hábito de esconder tras una máscara la verdadera personalidad de uno. Es igual a la falta de sinceridad. La hipocresía es deshonestidad, engaño.
    2. La levadura se usa casi siempre en las Escrituras como símbolo de maldad. En el tiempo de la Pascua, toda la levadura debía ser excluida de las casas del pueblo fiel de Israel. Pablo usó este hecho para enseñar que toda la vida cristiana debía observarse «no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con el pan sin levadura de sinceridad y verdad» (1 Corintios 5:7-8).
    3. Sin embargo, la levadura también se utiliza en la parábola de la Levadura para indicar el trabajo efectivo del mensaje del evangelio. La razón por la que puede usarse en ambos sentidos se ve en la forma en que actúa. Tiene el poder de transformar lo que toca. Exponerse a la enseñanza hipócrita de los fariseos era correr el riesgo de volverse como ellos. Por otro lado, entrar en contacto con el mensaje de Cristo es someterse al poder transformador del evangelio con la esperanza de llegar a ser como Él (2 Corintios 3:18).
  2. Nada oculto permanecerá oculto (Lucas 12:2-3)
    1. Los fariseos hablaban falsedad bajo el disfraz de la verdad. Pero no había nada que ocultaran que no sería descubierto. Jesús había desenmascarado a los fariseos y a los interpretes de la Ley durante el almuerzo cuando señaló lo que realmente eran (Romanos 2:16).

II. Temor reverente hacia Dios, no hacia los hombres (Lucas 12:4-7)

  1. El peligro real no es quien mata el cuerpo (Lucas 12:4-5)
    1. La conversación surgió a raíz del ataque de los enemigos de Jesús, quienes buscaban desesperadamente una excusa para matarlo. Sus discípulos también enfrentarían persecución. Pero no debían temer a quienes pudieran matar el cuerpo, sino temer a Dios, quien podría castigar a los malvados con el castigo eterno.
  2. El cuidado providente de Dios por sus hijos (Lucas 12:6-7)
    1. En otra ocasión, Jesús usó el mismo pensamiento y habló de dos gorriones vendidos por un centavo (Mateo 10:29). Jesús repetía sus lecciones con variaciones de vez en cuando. Si observamos cuidadosamente el contexto cuando ocurren tales variaciones, evitaremos suponer que hubo errores en los informes de los incidentes del ministerio de enseñanza de Jesús. El punto de la lección es este: los discípulos de Jesús tienen mucho más valor que muchos gorriones. Ni un solo gorrión es olvidado por Dios; Él no olvidará a los amigos de su Hijo.
    2. Pero los cabellos de su cabeza están todos contados. Esto indica el cuidado meticuloso que el Padre ejerce sobre los amigos de Jesús. Entonces, ¿por qué temer a aquellos que podrían destruir el cuerpo? La exhortación implícita es “Confiad y no temed”.

III. La lealtad a Cristo ante el mundo (Lucas 12:8-9)

  1. Confesar o negar a Cristo tiene consecuencias eternas
    1. Si querían ser conocidos como amigos de Jesús, tendrían que reconocer su lealtad a Él frente a las amenazas de aquellos que incluso podrían matar el cuerpo. En su segunda carta a Teófilo, Lucas relata ejemplos en los que esto realmente sucedió (Hechos 4:19-21; 5:33-42). Los discípulos debían confesarlo como «el Cristo de Dios» (Lucas 9:20). El Hijo del Hombre los reconocería como sus amigos. Pero negar a Cristo delante de los hombres significaría que Él los negaría delante de los ángeles de Dios.
    2. Incluso el grave pecado de hablar contra el Hijo del Hombre puede ser perdonado. Pero el perdón implica arrepentimiento, que se produce al responder a la Palabra de Dios inspirada por el Espíritu. Sin embargo, hay un pecado que no puede ser perdonado.

IV. Advertencia sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo (Lucas 12:10)

  1. Palabras contra el Hijo del Hombre pueden ser perdonadas
    1. ¿Eran culpables de este pecado los fariseos y los intérpretes de la Ley a quienes Jesús acababa de reprender? Jesús habló por el Espíritu, un detalle crucial para entender por qué menciona la blasfemia contra el Espíritu en relación con el perdón de quienes hablan contra el Hijo del Hombre.
    2. Para entender la naturaleza del pecado imperdonable, debemos recurrir al contexto histórico. Los adversarios de Jesús, como se ve en Lucas 11:15 y Marcos 3:22 (y Juan 7:20, 8:48, 52, 10:20), atribuían deliberadamente al poder de Satanás las obras que Jesús realizaba mediante el Espíritu Santo. A pesar de las claras evidencias, persistían en afirmar que Jesús expulsaba demonios por medio de Belzebú.
    3. El perdón implica un arrepentimiento genuino, algo totalmente ausente en estos oponentes. En lugar de arrepentimiento, mostraron un endurecimiento implacable y, en lugar de confesión, se dedicaron a la conspiración. Su propia y totalmente inexcusable dureza los condenó, ya que se negaron a seguir el camino que lleva al perdón. (Hechos 1:3; Lucas 10:21-22).
    4. Mientras que para pecadores como ladrones, adúlteros y asesinos hay esperanza si se arrepienten, el evangelio ofrece la oportunidad de clamar: «Dios, sé propicio a mí, pecador». Sin embargo, cuando una persona se endurece deliberadamente, ignorando las advertencias e impulsos del Espíritu, se encamina hacia la perdición. Este es el pecado «de muerte» (1 Juan 5:16; Hebreos 6:4-8).
  2. Rechazo total y final al testimonio del Espíritu es imperdonable
    1. Rechazar este mensaje constituye un pecado eterno cuando el rechazo es final y completo. Es un pecado que puede cometerse en esta vida, ya que Jesús dijo que no tiene perdón en esta vida ni en la venidera (Marcos 3:28-30; Mateo 12:31-32).

V. Confianza ante la persecución (Lucas 12:11-12)

  1. El Espíritu Santo guiará a los apóstoles en momentos críticos
    1. Así como Jesús había sido juzgado por sus opresores, sus discípulos también serían llevados ante las autoridades en las sinagogas. Pero no debían temer esas experiencias, porque el Espíritu Santo los capacitaría para decir las palabras necesarias de verdad en ese momento (Hechos 4:8, 13, 19-20).
    2. Esta promesa fue hecha a los apóstoles, no al pueblo en general. El Espíritu Santo guió a los apóstoles a toda la verdad y les permitió dejar el registro escrito de ella en la Biblia (Juan 16:13-14; 20:30-31).
    3. Aunque esta promesa fue específicamente para los apóstoles, enfrentamos nuestras dificultades y pruebas con confianza, sabiendo que la verdad está disponible en la Palabra escrita. Rom.  2:16;  II  Tim  3:14-17.

Aplicaciones prácticas para hoy:

  1. Examina tu corazón. ¿Vives con autenticidad o hay áreas de tu vida donde llevas una máscara espiritual?
  2. Confía en el cuidado de Dios. Si Él no olvida a un gorrión, mucho menos olvidará a sus hijos fieles.
  3. Confiesa a Cristo sin temor. En tu trabajo, hogar o redes sociales, ¿te identificas con Jesús sin vergüenza?
  4. Valora la guía del Espíritu Santo. Estudia Su Palabra para enfrentar con sabiduría las pruebas de la fe.
  5. Rechaza la hipocresía religiosa. No imites a quienes aparentan piedad sin obedecer la verdad. Sé una influencia que contagia vida, no levadura de maldad (1 Cor. 5:6-8).

Conclusión

La fe auténtica no teme al juicio humano, sino que se afirma en el temor reverente a Dios. La hipocresía puede contagiar, como la levadura en la masa, por eso Jesús nos llama a vivir con integridad, conscientes de que toda obra será revelada. Enfrentaremos pruebas, sí, pero no estaremos solos: Dios cuida de nosotros, y Su Espíritu nos guía.

Confesar a Cristo con valor hoy es la evidencia de una fe viva que Él mismo reconocerá en la eternidad.

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