Propósito de la lección

Confrontar la tendencia humana a confiar en las riquezas terrenales, exhortando a vivir con una perspectiva eterna que priorice la riqueza espiritual y la dependencia de Dios.

Introducción

Mientras Jesús instruía a sus discípulos sobre la necesidad de vivir con integridad y sin temor, un hombre de la multitud interrumpe con un pedido material. En lugar de resolver el conflicto familiar sobre una herencia, Jesús aprovecha la ocasión para enseñar una verdad más profunda: la vida no se define por lo que uno posee.

En esta breve pero poderosa parábola, Jesús retrata la trágica historia de un hombre que fue exitoso en los negocios pero un fracaso ante Dios.

I. Un pedido material que revela un problema espiritual (Lucas 12:13-15)

  1. Jesús rechaza ser juez terrenal: su misión era redentora, no legal.
    1. ¿Pero por qué pidió a Jesús que interviniera en este pleito? Es posible que lo considerara un rabino, sabiendo que a menudo estos solucionaban disputas de esta índole. Por eso, le pidió que resolviera el asunto a su favor, el del hermano menor.
    2. Jesús fue el Salvador, no meramente un reformador social. Sin embargo, al rescatar al ser humano de sus pecados, indicó el único camino efectivo para superar toda injusticia, ya sea social o de cualquier otra índole. Cuando permitimos que la Palabra de Cristo reine en nuestros corazones, estaremos listos y dispuestos a tratar a todas las personas como Dios quiso que fueran tratadas (Colosenses 3:16).
  2. Advertencia clara: “Guardaos de toda avaricia”.
    1. Esta es una advertencia muy seria, que cada oyente debería tomar a pecho. Es crucial hacer un inventario personal y emprender la grave tarea de preguntarse repetidamente.
    2. «¿Soy yo una persona codiciosa? ¿Disfruto dando para buenas causas o soy egoísta? ¿Tengo una pasión desordenada por las posesiones materiales? ¿Por el honor y el prestigio? ¿Por el poder y la posición? En resumen, ¿soy codicioso?»
  3. La vida no depende de los bienes.
    1. Jesús acababa de recordarle a aquel que se ofreció a seguirlo que el Hijo del Hombre no tenía dónde recostar su cabeza. También les había enseñado a los discípulos que Dios estaba atento a sus necesidades físicas y que debían pedirle a Él por el pan de cada día. El punto de la lección de Jesús fue este: hay más en la vida que una herencia material; la vida no se compone de poseer cosas. Esta vida es temporal; la herencia eterna es infinitamente más importante. Para ilustrar su punto, Jesús contó la historia del hombre que Dios llamó necio.

II. La parábola del rico insensato (Lucas 12:16-20)

  1. Un hombre que prospera… y sólo piensa en sí mismo.
    1. ¿Qué tenía de malo este agricultor? ¿Acaso su éxito? ¡Claro que no! La Escritura no condena el éxito ni la riqueza en sí mismos. Dios jamás reprendió a figuras como Abraham, Salomón, Job o José de Arimatea por ser ricos (Génesis 13:2; 1 Reyes 3:10-13; Job 42:12; Mateo 27:57).
  2. Proyectos egoístas: graneros más grandes, vida más cómoda.
    1. Este hombre era completamente egoísta; no tenía en cuenta las necesidades de los demás. Lo único en lo que podía pensar era en construir graneros más grandes y almacenar más grano. Se cuenta en la narración “8 yo y 4 mí”.
  3. Ausencia total de gratitud, generosidad o dependencia de Dios.
    1. El rico no da gracias ni glorifica a Dios. En la práctica, actúa como un ateo. Dada su abundante cosecha, lo natural sería esperar que exclamara: «¡Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios!»
    2. Jesús no dijo que poseer riquezas fuera malo; lo que condenó fue el mal uso de ellas. Tampoco hay nada de malo en descansar, comer y disfrutar de la vida de manera adecuada, a menos que esto sea lo único que se busque. El rico necio se preparó para la vida terrenal como si esta fuera a durar para siempre.
  4. Dios lo llama “necio” y le exige el alma.
    1. Dios lo llamó «necio» porque no había pensado en esta eventualidad. Había descuidado la verdad fundamental para todos los hombres: «Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto, el juicio» (Hebreos 9:27). En la misma noche en que se preparaba para vivir para siempre en esta tierra, le pidieron que rindiera cuentas de su vida.

III. Conclusión de Jesús: ¿Eres rico para con Dios? (Lucas 12:21)

  1. Acumular sin Dios es perderlo todo.
    1. ¿De quién serán entonces? Esta pregunta parece estar dirigida al hombre que había pedido a Jesús que resolviera su problema sobre la herencia. ¿Qué pasaría si lograra que su hermano dividiera la herencia? Una pregunta más importante: ¿era rico para con Dios?
  2. La verdadera riqueza es la relación con el Padre (Mateo 6:19-21; 1 Timoteo 6:17-19).

Aplicaciones prácticas

  1. Examina tu actitud hacia las posesiones. ¿Estás acumulando para ti mismo sin pensar en Dios ni en los demás?
    1. Vive con eternidad en mente. Recuerda que no controlamos el mañana. ¿Estás preparado para rendir cuentas hoy?
  2. Sé generoso y sabio. Usa tus recursos para glorificar a Dios y bendecir a otros (1 Tim. 6:17-19).
  3. Define tu verdadera riqueza. La relación con Dios y la obediencia a su Palabra son tesoros que ni la muerte puede quitar (Mateo 6:19-21).
  4. Aprovecha el día de hoy. “Hoy es el día de salvación” (2 Corintios 6:2). No postergues tu entrega a Dios.

Conclusión

El hombre fue llamado necio, no por ser rico, sino por ser espiritualmente pobre. Planeó para años, pero no sobrevivió la noche. Aseguró su patrimonio, pero no su alma.

Esta enseñanza nos invita a examinar nuestras prioridades. ¿Dónde está puesta nuestra confianza? ¿Estamos invirtiendo solo en lo visible o también en lo eterno?

Jesús no condena la administración ni la previsión, sino la autosuficiencia sin Dios. Ser sabio no es acumular más, sino vivir para Dios con todo lo que tenemos.

Deja un comentario