Propósito de la Lección
El propósito central de esta historia es enseñar que la gratitud y la alabanza a Dios no son accesorios opcionales, sino marcas esenciales de una fe genuina que conduce a la salvación completa. Jesús usa el contraste entre el samaritano humilde y los nueve judíos ingratos para demostrar que una actitud correcta del corazón es lo que transforma la sanidad física en una bendición eterna.
Introducción
El Evangelio de Lucas, el único escritor gentil del Nuevo Testamento, tiene un enfoque particular en la universalidad del evangelio y en la gracia de Jesús hacia los marginados. Este relato se ubica mientras Jesús se dirige a Jerusalén, en la frontera hostil «entre Samaria y Galilea» (v. 11).
La lepra era la enfermedad más devastadora de la antigüedad, que condenaba al infectado a la exclusión total de la sociedad y la religión. En la ley mosaica, eran considerados «inmundos» (Levítico 13:45). La aflicción es tan profunda que logra lo que la paz no podía: une a diez hombres—judíos y samaritanos—cuya miseria común «rompió las barreras raciales y nacionales».
Inmediatamente después de hablar sobre el deber del siervo, Jesús nos muestra una verdad profunda: la bendición de Dios es gratuita, pero exige una respuesta.
I. La Miseria Común y la Obediencia de la Fe (Lucas 17:11-14)
El camino hacia la sanidad comienza con la necesidad, el clamor y el acto de obediencia.
A. El Clamor por Misericordia (Lucas 17:11-13)
- La Distancia: Los leprosos «se pararon de lejos» porque la Ley les obligaba a mantener la distancia. Es una imagen de la conciencia de su inmundicia.
- Juntos alzan la voz, clamando: «¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!» Su necesidad los hace humildes y audaces. Sabían que solo Jesús podía restaurarlos. Véase Lucas 5:12-16. Nótese cuántos aspectos unían a estos diez hombres:
- todos cargaban la misma enfermedad devastadora;
- todos estaban resueltos a buscar una salida;
- todos habían oído de Jesús y confiaban, al menos, en su misericordia sanadora.
- todos clamaron a Él, reconociéndolo como Maestro;
- todos obedecieron su orden y emprendieron el camino hacia los sacerdotes;
- y todos, sin excepción, fueron sanados.
- “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” (Hebreos 4:16).
B. La Prueba de la Obediencia (Lucas 17:14)
- La Orden: Jesús no los toca de inmediato, sino que les da una orden de obediencia: «Id, mostraos a los sacerdotes.» Este era el requisito legal para ser declarado limpio y reincorporado a la sociedad (Levítico 14:1-32).
- El punto crucial: «Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.» La sanidad no fue instantánea; ocurrió mientras estaban en el camino de la obediencia. Su fe no se basó en la vista de la sanidad, sino en la confianza en la Palabra de Jesús. La bendición llega cuando se está en el camino que el Señor ordena.
II. La Ingratitud y el Corazón del Forastero (Lucas 17:15-18)
Este segmento revela el triste contraste entre el beneficio recibido y la respuesta dada.
A. El Retorno del Samaritano (Lucas 17:15-16)
- Solo Uno Regresó: De los diez, solo uno (el 10%) volvió. Y para sorpresa de todos, el que regresó fue un samaritano (un «extranjero» o «alien» para los judíos). De quien menos se esperaba la gratitud, vino la mayor alabanza.
- El evangelista subraya con intención: “y éste era samaritano”. Es como decir: “¡Imagínese… un samaritano!” Un hombre de una raza despreciada por los judíos, enemigos históricos (Lc 9:52–53; Jn 4:9), vistos como teológicamente “impura”. Y sin embargo, este hombre —tocado por la gracia— hace lo impensable: agradece a un judío. Al leer este episodio junto con otras referencias lucanas (Lucas 4:25–27; 7:9; 11:30–32), se vuelve evidente el mensaje que Lucas va hilando; Dios está levantando una iglesia de alcance universal, integrada no solo por judíos, sino también —y poderosamente— por los no judíos.
- La Acción de Gracias Genuina: Su gratitud fue abierta y humilde; volvió «glorificando a Dios a gran voz» y se «postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias.» No solo estaba feliz por la sanidad; estaba abrumado por el Dador. La gratitud se traduce en adoración pública y humilde.
B. El Dolor de la Ingratitud (Lucas 17:17-18)
- Jesús, el Dador de la gracia, se siente perplejo y herido: «¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?» La ingratitud es notada por Dios. Él lleva la cuenta de las bendiciones que otorga y percibe la ausencia de alabanza. Véase Mateo 5:45.
- La ingratitud de los nueve es un «triste comentario sobre la naturaleza humana». Ellos amaron el regalo, pero ignoraron al Dador. Usaron el poder de Jesús para sus «propósitos egoístas» (regresar a sus hogares y vidas sociales) sin un compromiso posterior de adoración. La ingratitud es, a menudo, un síntoma de una fe superficial que solo busca la bendición temporal.
III. La Fe que Salva Completamente (Lucas 17:19)
El samaritano no solo fue sanado; fue salvado.
A. La Plenitud de la Salvación (Lucas 17:19)
- La Doble Bendición: Jesús le dice: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»
- Limpieza/Sanidad (para los diez): La bendición física (limpieza) que les permitió volver a la vida social.
- Salvación (para el samaritano): Jesús usa el verbo griego sōzō, que significa «salvar», «liberar» o «hacer completo». El samaritano recibió algo que los otros nueve no recibieron.
- Mientras los nueve obtuvieron cuerpos sanos, solo el décimo leproso, a través de su fe expresada en gratitud, obtuvo un corazón sano (humilde, agradecido y salvo). Su regreso a la fuente de la gracia le aseguró la liberación total: salvación del pecado y restauración completa con Dios.
- La Gratitud como Prueba: La gratitud fue la evidencia externa de una fe genuina que trascendía la necesidad física. Los milagros por sí solos no salvan; la actitud del corazón sí.
Conclusión
El relato de los diez leprosos nos obliga a examinar nuestra propia respuesta a la gracia de Dios.
- Advertencia: Es fácil recibir una bendición (salud, provisión, perdón de pecados) y marcharse contento sin regresar al Dador. No explote el poder de Jesús para fines egoístas.
- Desafío: La gratitud es la prueba ineludible de la fe genuina. ¿Cuán a menudo regresamos a Dios, no solo para pedir, sino para postrarnos y glorificarlo a gran voz?
- El Don Completo: La meta del discipulado es la salvación completa (sōzō). Solo el que regresa con gratitud recibe el regalo total: el perdón y la vida eterna.
No te conformes con la limpieza temporal; busca la salvación completa. Regresa y da gloria a Dios.
