Introducción
El Salmo 26 es un canto lleno de esperanza y sinceridad. Este salmo guarda semejanza con los Salmos 25 y 7, y pertenece a la categoría de los Salmos de lamentación individual, los cuales siguen una estructura típica:
- Introducción: Una llamada a Dios.
- Lamento: Especificación de los sufrimientos.
- Apelación a Dios: Expresión de confianza en Dios.
- Petición: Solicitud de socorro.
- Alabanza: Reconocimiento de que, a pesar del sufrimiento, Dios es digno de ser alabado.
Análisis
El Salmo 26 comienza con una petición introductoria (versículo 1a) y se desarrolla en seis estrofas de protestas y oraciones:
- Estrofa I (versículos 1b, c, 2): El salmista protesta su integridad y confianza en Dios, acompañado de una oración pidiendo ser probado.
- Estrofa II (versículos 3, 4): Continúa la protesta declarando sus sentimientos rectos, su conducta correcta y su evitación de malas compañías.
- Estrofa III (versículos 5, 6): La protesta se prolonga, dirigiéndose hacia la adoración.
- Estrofa IV (versículos 7, 8): Para proclamar las maravillas de Jehová y su amor por la casa de Dios.
- Estrofa V (versículos 9, 10): Súplica por la vida, en contraste con los malhechores.
- Estrofa VI (versículos 11, 12): La integridad del salmista lo lleva a orar por redención y asegura la alabanza pública.
Exposición
Este salmo es brillante y hermoso, con un tono de sinceridad y una esperanza resplandeciente en la bendición pública. Refleja experiencias tanto de David como de Ezequías. Thirtle comenta acertadamente sobre él: «Palabras en todo sentido adecuadas para los tiempos de cualquiera de los dos reyes. El versículo 8 recuerda el amor de Ezequías por el Templo, y el versículo 9 expresa su repulsión ante la idea de morir la muerte de un pecador, que fue su interpretación de la enfermedad mortal con la que Dios lo había afligido» (Thirtle, O.T.P., 315-6).
Las referencias adjuntas al texto transportarán al lector a un ámbito de realidad, y el análisis prefijado probablemente hará que la exposición detallada parezca innecesaria.
- Compárese el versículo 3 con Isaías 38:3.
- Compárese el versículo 8 con Isaías 38:20.
Hay desacuerdo entre los comentaristas sobre la autoría del salmo. No hay nada en el salmo que impida pensar que David sea el autor. En este caso, se podría relacionar el salmo con el período de la rebelión de Absalón (2 Sam. 15:1–17:29). Otros creen que su autor fue un levita, dado que no incluye una petición de perdón.
