Pip: Revista Hacia la Meta no suele andarse con rodeos: esta semana el tema es nada menos que la muerte, la tumba y lo que ocurre cuando alguien llama desde el otro lado.
Mara: Ignacio Almenar nos lleva al capítulo once de Juan para explorar la experiencia de Lázaro: qué dice sobre el pecado, qué revela sobre el amor de Cristo y qué cambia cuando ese amor actúa. Empecemos por la condición de Lázaro.
LA EXPERIENCIA DE LÁZARO (Juan 11:1–46)
Pip: El relato de Lázaro parece, a primera vista, una historia de familia en duelo. Pero el artículo nos propone leerlo como un espejo: la progresión de Lázaro, enfermo, muerto y sepultado, es el retrato exacto del pecador antes de que la gracia intervenga.
Mara: Y el texto lo establece desde el arranque. La clave está en cómo el evangelista presenta cada etapa: "Detenernos en cada detalle de este pasaje no es un mero ejercicio narrativo, sino una invitación a reconocernos en Lázaro y a escuchar, como si fuera dirigida a nosotros, la voz que llama desde la tumba."
Pip: Eso convierte el sermón de Juan en algo bastante más incómodo que un relato de milagros. Cada fase tiene su correspondencia espiritual: la enfermedad habla de la dolencia del pecado, la muerte habla de la destrucción que este opera, y la sepultura con corrupción ya visible habla de una degeneración que no admite excepciones.
Mara: El artículo cita a Isaías para la primera: "desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga." Para la segunda, a Pablo en Efesios: el hombre sin Cristo estaba "muerto en sus delitos y pecados." Y para la tercera, al Salmo catorce: "No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno."
Pip: Tres citas, tres estadios, cero margen de maniobra. Lo que el artículo está construyendo es un diagnóstico total antes de introducir al médico.
Mara: Y el médico llega tarde, al menos en apariencia. Marta se lo dice sin rodeos: "Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto." María repite casi la misma queja. Los judíos presentes añaden su propia versión: ¿no podía este, que abrió los ojos al ciego, haber evitado la muerte de su amigo?
Pip: La duda sobre el amor de Cristo no viene de los enemigos, sino de las personas más cercanas a él. Eso le da al argumento una honestidad que resulta difícil esquivar.
Mara: El artículo responde a esa duda en tres momentos. Primero, el amor declarado: el evangelista subraya que "amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro." Segundo, el amor manifestado: Jesús llora ante la tumba, tan visiblemente que los presentes exclaman "¡Mirad cómo le amaba!" Tercero, el amor vindicado: clama "¡Lázaro, ven fuera!" y el muerto sale.
Mara: El artículo ancla ese amor en Juan tres dieciséis y en Romanos cinco ocho: "Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros." El retraso no era indiferencia; era el escenario para una demostración que no dejara lugar a dudas.
Pip: Y el milagro no termina en Lázaro. El artículo traza lo que ocurre a continuación: Dios es glorificado, muchos creen, y algunos, ante la misma evidencia, deciden matar tanto a Jesús como a Lázaro para eliminar el testigo.
Mara: Esa división es el patrón que el artículo reconoce también en el ministerio de Pablo, en Antioquía de Pisidia y en el Areópago de Atenas, y que, según el texto, "sigue repitiéndose hoy cada vez que el evangelio se predica con fidelidad."
Pip: La pregunta final del artículo no es retórica: ante esa misma voz que llama a salir de la muerte a la vida, ¿qué harás tú? Pocas veces un cierre de artículo pesa tanto.
Mara: Enfermedad, muerte, sepultura: el diagnóstico es duro, pero el artículo no lo deja ahí. El poder que actúa sobre Lázaro es el mismo que sigue llamando hoy.
Pip: Y la división que produce, creyentes por un lado, conspiradores por el otro, resulta ser la respuesta más honesta que el texto podría darnos. Hasta la próxima.
